
El proyecto consistió en el desarrollo integral de la identidad corporativa para la marca Lamda. El foco principal fue dotar a la empresa de una personalidad de marca moderna, sólida y estructurada, lo cual se logró a través del diseño de un isotipo geométrico de líneas entrelazadas y una tipografía personalizada con un estilo ligeramente tecnológico y vanguardista. El símbolo central fue conceptualizado para tener un gran peso visual, siendo capaz de funcionar por sí solo como un patrón gráfico o elemento arquitectónico.







Para garantizar la coherencia visual en todas las comunicaciones, se estableció un manual básico de marca que estandariza las versiones del logotipo para su uso en positivo, negativo y formatos monocromáticos. Este sistema se apoya en una paleta cromática detallada con sus respectivos valores RGB y CMYK, utilizando tonos verdes, cálidos naranjas y cobrizos. Finalmente, la identidad se materializó mediante el diseño de papelería e impresos (tarjetas de presentación, sobres y hojas membretadas), así como en aplicaciones físicas para señalética exterior y mockups digitales.
Diseño